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¿Qué haces cuando las circunstancias te impulsan a hacer algo que te da miedo?

 

En los últimos meses no solo mi vida ha sufrido muchos cambios. (¿En eso estás de acuerdo verdad?).

En verdad, mi vida no para de cambiar desde que llegué  a España.

Aún recuerdo la primera impresión, una noche fría, calles bien limpias y luminosas, el olor a la mar… El primer paseo por el puerto de San Sebastián. Mareada con los colores, el aire frío, y el idioma.

Al siguiente día empezaron las tensiones, “buscar trabajo”. No he tardado en conseguirlo, y de hecho nunca me ha faltado.

Con contrato, sin contrato, con buen sueldo, con mala paga, con buenas condiciones, con condiciones no tan buenas. Pero siempre, con la sensación de insatisfacción, más siempre conformada, y con la esperanza de días mejores. 

No solo de mejores condiciones y sueldo, sino de sentirme realizada.

No soy de las que se queja, (bueno, a veces desahogo) al contrario, siempre digo que ‘mientras haya trabajo, bien’.

Porque siempre supe que un trabajo, un sueldo, se consigue, pero sentirse realizada y feliz con él, es otro tema.

La inquietud cobra fuerza

La inquietud cobra fuerza

En uno de esos cambios de trabajo, cuyo motivo era simplemente agotamiento físico y mental. El jefe dijo “Qué va hacer Roberta, si no sabe hacer nada”. Eso me tocó tan profundo. Y me hizo pensar, en muchas cosas, la principal, quién era yo como profesional.

Y te confieso que no me alegró en nada mi propia respuesta. ¿Qué sabía hacer? ¿Qué podía hacer? Miles de preguntas, y muy pocas respuestas animadoras.

Entonces paré de pensar en mí, y empecé a pensar en lo que quería.

No solo en mis objetivos, si no en cómo llegaría hasta ellos, pero tampoco quería que el trayecto hasta entonces fuera agotador y triste. 

 

Hasta que llegó el primer gran regalo.

El gran cambio, habíamos cambiado el sueldo por tranquilidad, y cuando nació el primer hijo, el pequeño sueldo se fue por la mitad y la tranquilidad con él.

Y ya sabéis lo que pasó.

Sin tener familia, para ayudar con el pequeño, las opciones de conciliación, se redujeron a cero.

Las jornadas, los horarios laborales y de guarderías, algún amigo disponible en urgencias….

Pues nada, ya lo podéis imaginar lo que pasó.

Pues yo en casa y el marido a trabajar.

¿A qué te suena?

algo original

Buscando algo original 

La frase de mi ex jefe volvió a atormentarme

¿Qué puedo hacer?

Hasta que un día pensé, ¡Puedo aprender!

Y empecé a buscar algo que me gustara. Eso sí, tenía que gustarme.

Y no te creas, llevó su tiempo decidirme, lo que me gustaba, a veces no era viable, y me obligaba a cambiar el plan.

Fue mi madre quien me dijo: ¿Por qué no haces un curso de costura?

Ese fue el boom que necesitaba. No me costó nada aprender, a pesar de que no sabía siquiera lo que era una canilla. Y cuando me decía la profe “enhebrar la máquina”. No sabía si llorar o reir. Al final me hice un poco lenta para ver lo que hacían las compañeras de curso, y así descubrir que era  “enhebrar la máquina”. A menudo utilizaba esta técnica, cuando no sabía de qué estaban hablando. Eso porque hasta el momento yo sólo sabía de lejías y pañales.

Hice un único curso de iniciación, fue lo suficiente para enamorarme, y poco a poco fui aprendiendo, haciendo y deshaciendo. 

Sola, yo, mi máquina, mi curiosidad y mi nueva pasión.

Pero el hobbie, siempre quedaba en la segunda opción. 

Hasta que por fin he conseguido conciliar trabajo y familia.

Pero llegó marzo de este año. Y el virus lo había fastidiado todo.

El orden de la casa, la rutina, la seguridad, la tranquilidad…

Fue cuando el deseo de años, se hizo fuerte y tangible.

Es que conmigo no solo los regalos son personalizados, la oportunidad tenía mi nombre.

 

Fue cuando decidí lanzarme, y oficializar lo que para mi, hasta el momento era un placer.

Pero los miedos, las incertidumbres, los “y si”, sobre todo el cambio del seguro por lo dudoso. ¿Funcionará? ¿Podré con la Hacienda, y SS?

Del más ridículo detalle hasta el más importante. Lo pensé en todo.

Había muchas cosas a mi favor. Las circunstancias, la inversión, el tiempo, la calidad, y lo principal de todo, mi marido. Mi principal apoyo.

¡Y eso es! 

Lo hice, pero no me atrevo a decir que lo he logrado, porque la aventura recién empieza, pero sí que me atrevo a decir que estoy feliz, que me esforzaré para hacer lo mejor.

Porque lo más importante ya lo hice, dar el primer paso.

¿Y tú, qué haces cuando tienes miedo?

 

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